• ¿Nos estamos comiendo la herencia?

    “4 verdades incómodas sobre la riqueza real de un país, y lo que dicen de Puerto Rico.”

    Imagínate esto. Una familia decide vender las ventanas, las puertas y hasta los muebles de la casa para pagar una cena de lujo esta noche. Al otro día, la cuenta de banco se ve bien, entró dinero. Pero la casa quedó fría, insegura y vale muchísimo menos que ayer. Si solo miraras la cuenta, dirías que a esa familia “le está yendo bien”. Si miraras la casa, sabrías que se está quedando en la ruina.

    Ese es, resumido, el error de contabilidad que el mundo lleva décadas cometiendo con los países. Nos obsesionamos con el Producto Interno Bruto (PIB), que mide cuánto dinero se mueve, pero no mide si esa economía se está quedando sin gasolina por dentro. El PIB es el velocímetro. No te dice si el motor se está desbaratando.

    Por eso, un grupo de economistas que trabaja con el Banco Mundial y la ONU lleva años empujando otra vara para medir esto: la Riqueza Inclusiva (Inclusive Wealth). En vez de mirar solo el dinero que entra, esta métrica audita tres tipos de capital de un país: el capital producido (carreteras, plantas eléctricas, edificios), el capital humano (salud, educación, la gente) y el capital natural (bosques, agua, tierra fértil).

    Estas son cuatro verdades que salieron de esa investigación, publicadas hace poco en la revista Nature, y que te van a hacer ver las noticias económicas de otra manera.

    1. Un país puede “crecer” y empobrecerse al mismo tiempo

    Nigeria es el ejemplo perfecto. Entre 1995 y 2018, su PIB per cápita creció un 2.3% al año. En cualquier noticiero, eso suena a éxito. El problema es que, en ese mismo periodo, su Riqueza Inclusiva por persona cayó un 0.4%. ¿Qué pasó? Sacaron petróleo y gas de la tierra (capital natural que no se repone) y no reinvirtieron esas ganancias en la gente ni en infraestructura. No generaron riqueza. Se comieron la herencia para pagar los gastos de hoy.

    Del otro lado están países como China, Vietnam e Indonesia, que combinaron un PIB creciendo rápido con una acumulación real de capital humano y producido, la riqueza real les creció tanto o más que a cualquier otro país del mundo en ese periodo. Ahí sí hubo progreso de verdad, no solo en papel.

    Cada línea es un país con dos puntos: el anaranjado es cuánto creció su PIB por persona; el azul, cuánto creció su riqueza real (Riqueza Inclusive: infraestructura + gente + naturaleza) en ese mismo tiempo. Los países están ordenados por su riqueza real, no por su PIB: arriba, los que menos riqueza construyeron sin importar qué tan rápido creciera su PIB (como Etiopía, con +5% de PIB al año pero casi nada de riqueza real); abajo, los que más riqueza real construyeron, como Indonesia y Vietnam.

    2. Esto no es una moda “verde”, es una idea de Adam Smith

    Aquí viene lo que casi nadie sabe: la sostenibilidad no la inventó un movimiento ambientalista moderno. Adam Smith, el mismo que fundó la economía moderna, ya hablaba de esto en 1759, en un libro menos conocido que “La riqueza de las naciones” llamado “La teoría de los sentimientos morales”. Ahí propuso la figura del “espectador imparcial”: un observador justo que juzga tus acciones no por lo que te conviene a ti, sino por cómo afectan a los demás.

    Smith decía que era intolerable arruinarle la felicidad a otro con tal de beneficiarte tú. Hoy, ese espectador imparcial bien podría ser tu nieto, juzgando si le dejaste una herencia sólida o una quiebra disfrazada de progreso. El filósofo John Rawls llevó esto más lejos con su “velo de ignorancia”: si no supieras en qué generación te va a tocar nacer, ¿cuánto ahorrarías para la que viene? Esa pregunta cambia por completo cómo uno mira el gasto público.

    “Ninguna sociedad puede ser floreciente y feliz, si la mayor parte de sus miembros son pobres y miserables.”

    Adam Smith, en 1776, en un libro que casi nadie termina de leer.

    Esa frase no solo habla de la pobreza de hoy. Habla de la que le heredamos a los que vienen detrás.

    3. Hay una regla matemática para no robarle al futuro

    Se llama la Regla de Hartwick, y es sencilla: cada dólar que sacas de un recurso que no se repone (petróleo, gas, minerales) tiene que reinvertirse en capital humano o en capital producido. Si no, estás robando.

    El ejemplo de libro de texto es Noruega contra el Reino Unido durante el boom petrolero del Mar del Norte en los años 80. Noruega metió esa plata en un fondo soberano que hoy vale más de 2 billones de dólares, uno de los más grandes del planeta. El Reino Unido se la gastó en consumo del día a día y fue duramente criticado por economistas como Robert Solow por desperdiciar el ingreso. Mismo petróleo, mismo mar, dos futuros completamente distintos. Uno sembró. El otro se comió la semilla.

    4. Sembrar árboles es una inversión financiera, no un acto de bondad

    En la contabilidad de toda la vida, la naturaleza es “gratis”: el aire, el agua, los bosques no cuentan como activos. En la Riqueza Inclusiva, perder biodiversidad o dañar el suelo se registra exactamente como lo que es: depreciación de un activo. Cuando un bosque desaparece, el país pierde su capacidad de generar agua limpia, regular el clima y sostener la vida de la que depende toda la economía.

    Por eso, proyectos de reforestación como los que se hacen hoy en Kenia, restaurando miles de hectáreas de tierra degradada, no son un gesto ecológico bonito para una foto. Son mantenimiento de activos. Es, literalmente, un fondo de retiro para el planeta.

    Miembros del Estado Mayor Conjunto alrededor de Rancho AA en Sábana Grande, Puerto Rico. Fotografía del Servicio Forestal del USDA por Preston Keres.

    ¿Y Puerto Rico, qué?

    Aquí es donde esto deja de ser teoría publicada en Nature y se convierte en algo que tú vives todos los días. Vamos capital por capital.

    Capital producido, la infraestructura: llevamos casi diez años bajo la Junta de Supervisión Fiscal, y sí, la deuda del gobierno central bajó de cerca de 73,000 millones a unos 31,000 millones de dólares, la reestructuración de deuda pública más grande en la historia de Estados Unidos. Pero la red eléctrica sigue siendo el ejemplo perfecto de capital que no se repone: LUMA advirtió esta misma semana que Puerto Rico tiene un déficit estructural de entre 700 y 850 megavatios, y que en el peor escenario (más demanda y la pérdida de otra planta base) podríamos ver hasta 47 días de apagones entre mayo y octubre. Eso no es un ingreso disfrazado de gasto. Es un activo que llevamos décadas sin mantener.

    Cada barra compara lo que ya se hizo (azul) con lo que falta (azul claro), sobre una escala de 0% a 100%. Mientras más corta la parte azul, menos se ha construido.

    Y la luz no es lo único que se cae a pedazos esperando por un cheque federal. Ocho años después de María, solo 26 de 579 proyectos de carreteras y puentes dañados por deslizamientos han terminado, un 4.5%, según el Centro de Periodismo Investigativo, a pesar de que la isla registró 404 deslizamientos documentados entre 2018 y 2025. En Orocovis, un solo pueblo gasta cerca de $200,000 al año nada más limpiando derrumbes y restableciendo el acceso a carreteras que el gobierno debía haber arreglado hace tiempo. Con las escuelas pasa lo mismo, pero peor: el Departamento de Educación tiene $2,100 millones federales asignados para reconstrucción desde el 2020, y ha gastado apenas el 4%. De docenas de escuelas dañadas por huracanes, para 2025 solo una, la Francisco Morales en Naranjito, había arrancado obra. Eso también es un activo sin reponer: se mide en carreteras que se derrumban cada temporada de lluvia y estudiantes que llevan casi una década en edificios a medio caer.

    Capital humano, la gente: entre 2010 y 2020, Puerto Rico perdió un 11.8% de su población según el Censo, uno de cada nueve boricuas se fue de la isla en esa década. Y no se ha detenido: en 2025 la población bajó a 3,184,835 personas, casi 97,000 menos que en 2020. Aquí no solo pesa la migración. Las muertes (32,857) superaron a los nacimientos (17,950) por casi 15,000 personas en un solo año. Eso también es capital humano que no se está reponiendo, ni por nacimientos ni porque la gente se quede.

    Cada barra es la cantidad de médicos que estaban activos ese año. La isla pasó de casi 19,000 a menos de 9,500 médicos en solo tres años.

    Y no es solo cuánta gente se va, es quién se va. Desde el 2015, el 55% de los boricuas de 25 años o más que emigran tiene estudios más allá de escuela superior, según El Nuevo Día: no es que Puerto Rico se esté quedando sin gente, es que se está quedando sin la gente en la que más se invirtió. En medicina se ve clarísimo: de unos 19,000 médicos activos en el 2020, quedaban menos de 9,500 para el 2023, según una investigación del CPI. Perdimos más de la mitad de los médicos de la isla en tres años. En pueblos como Aguas Buenas hay apenas 7 médicos por cada 10,000 habitantes y una sola ambulancia funcionando, con tiempos de respuesta de hasta dos horas. Eso tampoco sale en ningún informe de deuda pagada. Es riqueza humana, años de estudio y de entrenamiento clínico, que se fue de la isla y no ha vuelto.

    Capital natural, la tierra: en los últimos 20 años, el archipiélago perdió una cuarta parte de su bosque primario, y el huracán María se llevó el 10% de la cobertura forestal de un solo golpe en 2017. Pero lo más grave no es lo que se perdió con el huracán. Es lo que el gobierno deja perder todos los días: en la Bahía de Jobos, en Salinas, el Cuerpo de Ingenieros documentó manglares talados, humedales rellenados y construcción ilegal desde 1972, según el Centro de Periodismo Investigativo (CPI). Cincuenta años después, en 2020, la misma agencia que debía protegerla admitió que restaurarla iba a costar $4 millones y tomar entre 4 y 5 años. Todavía no ha pasado.

    Cada barra es el % de agua que se pierde en tuberías rotas y fugas. Puerto Rico (verde) pierde más que el país caribeño promedio (gris).

    Y no hay que mirar tan atrás. Este verano de 2026 el gobernador declaró estado de emergencia por sequía: 44% de la isla estaba en sequía extrema, hubo 2,682 incendios en lo que va de año (74% más que en todo el 2025), y resulta que Puerto Rico pierde el 60% del agua potable que produce antes de que llegue a un grifo, muy por encima del promedio del Caribe (46%). Mientras tanto, el gobierno acelera los permisos de construcción en la costa: subieron 29% en el primer año del gobernador Pierluisi, y esos permisos llegaron a ser el 68% de todas las construcciones aprobadas en 2020 y 2021, la proporción más alta en siete años, muchas veces en las mismas zonas que la ciencia dice que se van a inundar. Y ahí está Esencia otra vez, el mismo proyecto del que hablamos antes: necesitaría 1.25 millones de galones de agua al día, mientras todo el pueblo de Cabo Rojo consume 4.45 millones y sus residentes ya se quedan sin agua dos o tres días a la semana. Eso también es depreciación de activos. Solo que esta tampoco sale en ningún informe de la Junta.La buena noticia es que la Regla de Hartwick funciona igual de bien para nosotros que para Noruega: cada peso que entra, ya sea de fondos federales de recuperación, del turismo o de lo que sea, puede reinvertirse en salud, educación e infraestructura que se quede, o puede irse en gastos que no dejan nada para el 2040. La pregunta no es 

    Para cerrar

    Puerto Rico se vende al mundo como “la Isla del Encanto”: playas paradisíacas, El Yunque verde y exuberante, cruceros que llegan cada semana a dejar su dinero y se van contentos. Esa es la imagen. El problema es que una imagen no es un balance real, y a una imagen de postal nadie la audita.

    Si alguien hiciera esa auditoría (no la del itinerario turístico, sino la que de verdad importa: cuánta herencia le estamos dejando a los que nacen hoy) el resultado no se parece al folleto. Es una red eléctrica que lleva casi una década cayéndose a pedazos. Es un país que pierde miles de vecinos cada año, más de los que nacen. Es un bosque que veinte años después todavía no termina de recuperarse de un huracán. Eso también es Puerto Rico. Solo que no sale en la foto.

    La familia del principio de este artículo, la que vendió las ventanas para pagar la cena, también se veía bien esa noche. Nadie que la visitara esa semana hubiera sospechado nada. Puerto Rico también se ve bien en la foto, si uno no se queda a dormir. La pregunta que de verdad debería quitarnos el sueño no es qué tan bonita es la postal. Es si, dentro de veinte años, todavía va a quedar isla detrás de ella.

    Fuentes

    McLaughlin, E. “Generational wealth can overcome global crises.” Nature, Vol. 657, pp. 348-350 (10 de septiembre de 2026).

    World Bank, The Changing Wealth of Nations 2024 (datos de Riqueza Inclusiva por país).

    Junta de Supervisión y Administración Financiera para Puerto Rico, oversightboard.pr.gov/debt.

    El Vocero, “PROMESA deja estabilidad fiscal, pero persisten riesgos en la Isla” (agosto de 2026).

    Metro Puerto Rico, “LUMA Energy advierte déficit de generación eléctrica y riesgo de más apagones en Puerto Rico” (10 de septiembre de 2026).

    Negociado del Censo de Estados Unidos, Censo 2020 y estimado poblacional de Puerto Rico 2025 (estadisticas.pr.gov).

    Centro de Periodismo Investigativo, “Lento el uso de fondos de reconstrucción para la adaptación de las carreteras por los deslizamientos” (octubre de 2025).

    Centro de Periodismo Investigativo, “Una sola escuela pública ha comenzado su reconstrucción a ocho años de María” (septiembre de 2025).

    El Nuevo Día, “¿Fuga de cerebros? La población puertorriqueña con mayor escolaridad emigra con más frecuencia” (14 de junio de 2021).

    Centro de Periodismo Investigativo, “Mortalidad histórica en Puerto Rico mientras el sistema de salud se desmorona” (noviembre de 2023).

    Centro de Periodismo Investigativo, “Negligencia local y federal propicia crimen ambiental en la Bahía de Jobos en Salinas” (marzo de 2022).

    Centro de Periodismo Investigativo, “Acelerada la aprobación de permisos de construcción en la costa durante el primer año de Pierluisi” (enero de 2022).

    Centro de Periodismo Investigativo, “New Study Warns Drought in Puerto Rico Will Persist and Worsen” (agosto de 2026).

    Centro de Periodismo Investigativo, “Empresas detrás de Esencia dejan rastro de daños alrededor del mundo” (junio de 2025).

    Distintas Latitudes, “Puerto Rico: los bosques que perdimos” (pérdida de bosque primario y manglar).

    Banco Mundial, Wealth Accounts (indicador NW.TOW.PC, riqueza inclusiva per cápita) y World Development Indicators (NY.GDP.PCAP.KD, PIB per cápita), consultados vía API en sept. 2026, para la gráfica.

    USDA Forest Service, “Joint Chiefs’ restoration program takes seed in Puerto Rico” (fotos de dominio público del proyecto de reforestación en El Yunque).

  • El alcohol sí envejece el corazón. La pregunta es a qué dosis.

    Un estudio de 2025 dice que el alcohol crónico envejece el sistema cardiovascular. Antes de que sueltes la copa de vino, mira cuánto tomaron los que salieron en el estudio.

    Empecemos por el titular

    Te lo vas a topar en Facebook con alguna versión de esto: “tu trago antes de dormir le está poniendo décadas encima a tu corazón”. Suena a que la copita de la noche te está matando en silencio.

    El estudio detrás de ese titular existe, es serio y dice algo importante. Pero no dice eso. Y la diferencia entre lo que dice y lo que el titular te vende está, como casi siempre, en la dosis.

    Qué hizo el estudio de verdad

    Se publicó en marzo de 2025 en la revista GeroScience, que es de las que estudian el envejecimiento a nivel celular. El trabajo se hizo en ratas, no en personas, y ese detalle no es un tecnicismo: es la llave para leer todo lo demás.

    Usaron dos grupos: ratas jóvenes de 3 meses y ratas viejas de 24 a 26 meses. A la mitad le dieron por seis meses una dieta líquida con 5 % de alcohol. Al medirles el alcohol en sangre, les daba entre 136 y 144 mg/dL.

    Ese número hay que traducirlo, porque es el corazón de este artículo. 136 mg/dL es 0.14 % de alcohol en sangre. En Puerto Rico, guiar con 0.08 % ya es ilegal. O sea, esas ratas vivieron seis meses seguidos con casi el doble del nivel que aquí te cuesta una multa y una noche presa.

    Eso no es una copa antes de dormir. Eso es una borrachera sostenida durante la cuarta parte de la vida del animal.

    Y con esa dosis, ¿qué le pasó al corazón?

    Bastante, y ahí es donde el estudio se pone valioso:

    • Las mitocondrias, que son las plantas eléctricas de la célula, bajaron su actividad en los complejos I, II y IV.
    • Subió el estrés oxidativo, medido por dos marcadores de daño llamados 4-HNE y 3-nitrotirosina.
    • Bajó la fracción de eyección, que es cuánta sangre logra sacar el corazón en cada latido.
    • En las ratas viejas, la relajación del corazón entre latido y latido empeoró todavía más.
    • Los vasos sanguíneos perdieron capacidad de relajarse, y aparecieron inflamación, muerte celular y fibrosis, que es músculo bueno reemplazado por tejido de cicatriz.

    La conclusión de los autores, tal como la escribieron: el consumo crónico de alcohol promueve el envejecimiento cardiovascular y reduce todavía más la capacidad de reserva del corazón y los vasos que ya viene deteriorada por la edad.

    La reserva: la idea que sí te tienes que llevar

    De todo el estudio, esto es lo que más te sirve.

    Tu corazón tiene un fondo de emergencia. No es una metáfora bonita, es un concepto médico: la capacidad de reserva es todo lo que tu sistema cardiovascular puede dar por encima de lo que necesita para el día a día. Es lo que te permite subir corriendo unas escaleras, aguantar una pulmonía, o salir de una operación.

    Ese fondo baja con la edad. Eso le pasa a todo el mundo. Lo que el estudio muestra es que el alcohol crónico lo vacía más rápido.

    Y aquí está la parte incómoda: como el cuerpo va tapando el daño con esa reserva, tú no lo sientes. Te sientes bien hasta el día que necesitas el fondo de emergencia y no está.

    Lo que este estudio NO puede decirte

    Esta parte es la mitad del trabajo, así que va completa:

    • Son ratas. Un corazón de rata no es un corazón tuyo, y seis meses de rata no se convierten en décadas de humano con una regla de tres.
    • Nadie midió “décadas”. Ese número del titular no sale del estudio.
    • Se probó una sola dosis, y fue alta. El estudio no dice absolutamente nada sobre una copa de vino con la comida.
    • Nadie dejó de beber en este experimento. Todo lo que has leído por ahí sobre una ventana para revertir el daño si paras a tiempo viene de otra literatura, no de aquí.
    • Tampoco se probó ejercicio. La idea de que el ejercicio vuelve a sincronizar el corazón con las arterias es razonable y tiene apoyo en otros trabajos, pero este estudio no la probó.
    • Los propios autores avisan que la dieta control tenía mucho carbohidrato, lo que ensucia un poco la comparación entre grupos.

    ¿Y en personas qué se sabe?

    Aquí es donde la cosa se pone interesante, porque la respuesta cambió en los últimos años y mucha gente se quedó con la versión vieja.

    Durante décadas se dijo que una copa al día protegía el corazón. Esa idea se está cayendo. Los análisis grandes y los estudios que usan variantes genéticas para separar el efecto del alcohol de todo lo demás no encuentran una ventaja cardiovascular real, y el Colegio Americano de Cardiología resume que aquellos hallazgos protectores quedaron en gran medida desacreditados. Desde 2023, las guías de cardiología le dan la clasificación de “sin beneficio” a beber para cuidarse el corazón.

    El famoso empujón al colesterol bueno resultó ser mínimo: el HDL sube unos 3 mg/dL con consumo ligero, un cambio sin importancia clínica.

    Ahora, tampoco caigamos en lo contrario. Que la copita no te proteja no significa que una copa te esté envejeciendo el corazón décadas. Significa que el beneficio que te habían vendido no estaba ahí, y que el riesgo sube con la cantidad.

    Y en mi patio, ¿qué?

    Aquí el trago está metido en todo. En el chinchorreo, en la playa, en el cumpleaños, en el velorio. No vine a decirte que dejes de vivir.

    Vine a decirte que el número que importa no es si bebes, sino cuánto y con qué frecuencia. Este estudio no habla de tu cerveza del viernes. Habla de un cuerpo que pasa meses o años con alcohol encima casi todo el tiempo, y eso, en Puerto Rico, no es un caso raro ni un caso de allá afuera.

    Tres cosas concretas para llevarte:

    • Cuenta, aunque sea una semana. La gente que cuenta casi siempre descubre que toma más de lo que creía. No hay nada que ajustar hasta que sepas el número real.
    • Si tienes presión alta, arritmia, diabetes o algún problema de corazón, ese es tema de conversación con tu médico, no de bajarle por cuenta propia y a ciegas.
    • Y si intentaste bajarle y no pudiste, eso no es falta de fuerza de voluntad. Es una condición de salud y tiene tratamiento. Esa conversación también es médica.

    El corazón no lleva cuenta de las noches buenas. Lleva cuenta del total.

    Fuentes

    Mukhopadhyay P et al. Chronic alcohol consumption accelerates cardiovascular aging and decreases cardiovascular reserve capacity. GeroScience, 20 de marzo de 2025.

    Szabo C. Alcohol and the aging cardiovascular system: a dangerous synergy uncovered. GeroScience, 2025 (comentario).

    American College of Cardiology. Uncorking the Evidence: The Relationship Between Alcohol and CV Health, 2026.

    Ley de Vehículos y Tránsito de Puerto Rico, Ley Núm. 22 de 2000, sección sobre conducción bajo los efectos del alcohol.

  • Ozempic sí llega a los pacientes de salud mental. A los de esquizofrenia, no tanto.

    Un estudio de 104 millones de adultos revisó quién está recibiendo estos medicamentos. La sorpresa no es la que te imaginas.

    Empecemos por lo que casi nadie dice

    Una persona que vive con una enfermedad mental grave, sea esquizofrenia, trastorno bipolar o depresión mayor, se muere en promedio entre 10 y 20 años antes que el resto de la gente.

    Y aquí está el detalle que lo cambia todo: no la mata la enfermedad mental. La mata el corazón. La diabetes. La obesidad. Condiciones que sabemos tratar hace décadas y que en este grupo, una y otra vez, se tratan mal o no se tratan.

    Por eso, cuando llegaron los GLP-1, o sea el Ozempic, el Wegovy y esa familia, la pregunta no era si funcionaban. Era si iban a llegar hasta allá.

    El hueco metabólico, en números

    Un equipo dirigido por la Dra. Emma E. McGinty, de Weill Cornell Medicine, revisó las reclamaciones de seguros médicos de 104,315,456 adultos entre 2018 y 2024, y las publicó en JAMA Psychiatry. Lo primero que sale es el tamaño del problema. En las personas con enfermedad mental grave, comparadas con quienes no la tienen:

    • Diabetes: 22.4 % contra 11.5 %
    • Obesidad: 42.9 % contra 21.8 %
    • Apnea del sueño: 17.0 % contra 6.3 %

    El doble, en las tres. Y son exactamente las condiciones que explican por qué esa gente se está muriendo antes. Para ellos, un GLP-1 no es asunto de verse bien en una foto. Son años de vida.

    Lo que encontró el estudio

    Entre las personas que tenían indicación médica para el medicamento, las recetas subieron de 2.3 % en 2018 a 13.7 % en 2024. Suena a despegue, y lo es.

    Pero hay que decirlo completo: en la gente sin enfermedad mental grave, subieron de 1.8 % a 11.1 %. O sea, subieron casi parejo.

    Eso no le quita valor al hallazgo. Se lo da. La noticia no es que este grupo esté recibiendo trato preferente. La noticia es que, por primera vez en mucho tiempo, no se quedó atrás. Después de años de estudios mostrando que estos pacientes reciben menos cuidado cardiovascular del que las guías recomiendan, esta vez el sistema los llevó a la par.

    La excepción: esquizofrenia

    Menos a unos, dije arriba. Aquí están.

    Entre adultos con diabetes, en 2018 recibió un GLP-1 el 3.4 % de quienes vivían con esquizofrenia, contra 4.5 % de quienes no tenían enfermedad mental grave. Para 2024: 19.4 % contra 23.1 %.

    Mira bien esa resta. La distancia no se cerró: pasó de poco más de un punto a casi cuatro. La marea subió para casi todo el mundo y dejó a este grupo atrás. Los propios autores lo dicen con cuidado: los médicos parecen ver estos medicamentos como seguros y efectivos para pacientes con enfermedad mental grave, «con la posible excepción de las personas con esquizofrenia».

    ¿Por qué esta vez sí llegó?

    La explicación más discutida es la más simple, y conviene tomarla como hipótesis, no como dato probado: un pinchazo a la semana es más fácil de sostener que un tratamiento de muchas piezas.

    Piénsalo desde el paciente. El manejo clásico de la diabetes pide medirse el azúcar todos los días, exámenes de la vista, visitas frecuentes, ajustes constantes. Para alguien a quien le cuesta sostener rutinas, o que vive en una situación donde llegar al médico es una odisea, ese tratamiento se cae solo. Una inyección semanal que funciona y no pide mantenimiento se sostiene.

    ¿Y sirve de verdad, o solo se está recetando?

    Esta es la pregunta buena, y sí hay respuesta. Viene de otro estudio, no de este.

    En una comparación de 195,184 pares de pacientes con enfermedad mental grave, a los 4 años había muerto el 4.91 % de quienes empezaron un GLP-1, contra el 6.45 % de quienes empezaron un medicamento comparable de otra clase (los SGLT2). Es una diferencia de 1.54 puntos porcentuales en muertes, en gente real, en cuatro años.

    Sobre el miedo psiquiátrico: un metaanálisis de 80 ensayos aleatorizados no encontró aumento de eventos psiquiátricos adversos, ni graves ni leves, frente a placebo. La FDA, de hecho, ya retiró la advertencia sobre pensamientos suicidas de tres de estos medicamentos.

    Lo que este estudio NO puede decirte

    Y esto va sin adornos, porque es lo que separa un titular de la realidad:

    • Son datos de reclamaciones de seguros. Una receta no prueba que la persona se la puso, ni que siguió el tratamiento.
    • No es un experimento. Nadie asignó a nadie a nada; es una foto de quién está recibiendo qué.
    • La foto termina en 2024, y este mercado se mueve rápido.

    Y algo que los propios autores repiten: el medicamento solo no arregla nada. Funciona dentro de un cuidado completo: hábitos, seguimiento y, en algunos casos, otros medicamentos para contrarrestar el aumento de peso que causan los antipsicóticos.

    Y en mi patio, ¿qué?

    Uno de cada seis adultos en Puerto Rico vive con diabetes, según el Departamento de Salud. Aquí esto no es un dato de allá afuera. Es la casa del lado.

    Y hay una segunda pieza que hace que este estudio nos toque más de cerca que a nadie. Los autores señalan que los pacientes cubiertos por Medicaid son, históricamente, los que más barreras encuentran para llegar a los tratamientos nuevos. Aquí eso no es un subgrupo: cerca del 46 % de la población, sobre 1.6 millones de personas, se atiende por el Plan Vital, la tasa más alta de cobertura pública de todo Estados Unidos y sus territorios. Cuando en ese estudio se habla de si el medicamento llega o no llega por la vía pública, están hablando de la vía por la que se cuida casi la mitad de este país.

    Ahora, la honestidad primero: ese estudio no desglosa a Puerto Rico. Son datos de reclamaciones de todo Estados Unidos, y nadie ha publicado esta misma foto con nuestros números. Así que no puedo decirte que aquí la curva subió igual. Lo que sí puedo decirte es que esa es exactamente la pregunta que hay que hacerle a nuestros propios datos, y que mientras nadie la haga, la respuesta se queda en el aire.

    Te lo digo desde donde trabajo. Yo investigo cómo el estrés crónico le cambia el sistema inmune al cuerpo y cómo eso termina empujando enfermedad, en poblaciones que casi nunca aparecen en los estudios grandes. Lo que este trabajo describe con números es lo mismo que uno ve de cerca: no es que la gente no quiera cuidarse. Es que el cuidado se les hace cuesta arriba en cada paso, y cuando por fin aparece algo que se sostiene con una inyección a la semana, hay que asegurarse de que llegue completo y no a medias.

    Así que si tú, o alguien de tu casa, carga con un diagnóstico psiquiátrico y además con diabetes, obesidad o apnea del sueño, esa conversación con el médico es tuya y hay que darla. Llévala con tres preguntas concretas:

    • Con mi diagnóstico y mis condiciones, ¿califico para un GLP-1?
    • Si califico, ¿lo cubre mi plan y qué hace falta para la preautorización?
    • ¿Cómo se lleva con los medicamentos psiquiátricos que ya tomo, y quién va a estar siguiendo mi peso y mi azúcar de aquí en adelante?

    La data dice que la puerta está más abierta que nunca. Pero si el diagnóstico en tu casa es esquizofrenia, esa puerta todavía se abre menos, y entrar puede depender de que alguien pregunte.

    Que ese alguien seas tú.

    Fuentes

    McGinty EE et al. GLP-1 Receptor Agonist Prescriptions Among People With and Without Serious Mental Illness. JAMA Psychiatry, 2026.

    Estudio de mortalidad y eventos cardiovasculares con GLP-1 en enfermedad mental grave. JAMA Psychiatry, 2026.

    Metaanálisis de 80 ensayos aleatorizados sobre GLP-1 y salud mental. JAMA Psychiatry, 2025.

    Departamento de Salud de Puerto Rico. 1 de cada 6 adultos vive con diabetes (2022).

    ASES. Cobertura del Plan Vital en Puerto Rico, 2024.